sábado, 29 de mayo de 2010

Es la ira, el miedo el que te vuelve ciego o sordo


Tienes que aprender a meditar sobre este asunto- le dijo-Quien vive sin ojos debe mantenerse alerta. Parece más sencillo de lo que es. Debe sentir cada movimiento y cada respiración. En cuanto se despiste o desconcentre, sus sentidos lo conducirán al error,… Si soy impaciente…, si la ira hace mella en mí… El problema no son los ojos o los oídos Tin Win. Es la ira lo que te vuelve ciego o sordo. Es el miedo lo que te vuelve ciego o sordo. Es la envidia; la desconfianza. El mundo se encoge o se sale de quicio cuando te enfadas o sientes temor. Y no solo nos pasa a nosotros, sino también a los que ven con los ojos. La diferencia es que ellos no lo saben.

Todo ser humano, toda criatura terrestre, tiene miedo. Nos envuelve como hacen las moscas con los excrementos de buey. Los animales salen huyendo; se escapan o corren o vuelan o nadan hasta que consideran que ha pasado el peligro o hasta que caen muertos de agotamiento. Los hombres no somos mucho más inteligentes. Intuimos que no existe un lugar en el que podamos escondernos del miedo, pero aun así lo intentamos. Aspiramos a ser ricos y poderosos; nos hacemos ilusiones de ser más fuertes que los demás; intentamos dominar; a nuestros hijos y nuestras mujeres, a nuestros vecinos y amigos. El despotismo y el miedo tienen algo en común: son ilimitados. Pero con el poder y la riqueza sucede lo que con el opio, que en mi juventud probé más de una vez: ninguno de los dos cumple sus promesas. El opio no me aportó la felicidad eterna; me hizo desear cada vez más. El dinero y el poder no vencen al miedo. Solo hay una fuerza superior a él. El amor.


"El arte de escuchar los latidos del corazón" de Jan-Philipp Sendker.
Reflexiones:
Cuando veo estas palabras, estos pensamientos, etc. Muchas cosas me pasan por la cabeza, muchas ideas, muchas vivencias, etc. La envidia, la desconfianza en los demás, el estar por encima de los demás, el querer ser más de lo que somos, el hacer del otro nuestro capricho personal, etc., nos muestra el miedo de la persona en ser tal como es o la envidia de no tener lo que realmente se es, o el deseo de tener lo que no se tiene y quisiéramos tener. Todo esto y demás nos hace llegar a un grado de insatisfacción en nuestra vida.
Según el budismo, el deseo es el desencadenante de todos las insactifacciones, de todos lo dolores, pero ¿cómo poder eliminar este deseo?.
Estamos en una sociedad que nos dice que tenemos que superarnos día a día, pero no para ser mejores personas sino porque hay que estar por encima del otro que te puede quitar tu trabajo, estar por encima del otro para tener un mejor trabajo, estar por encima del otro para tener ese mejor coche, ese mejor chalet, o simplemente ser mejor porque yo soy el más guapo, el más inteligente, el más…

Estamos en una sociedad donde el compararse con los demás este de moda, soy guapo quiere decir soy más guapo que…, soy listo quiere decir soy más listo que…, etc.

En definitiva, estamos en una sociedad que crea inseguridad en la persona si no tiene determinadas cualidades, si no supera distintos retos, si no tiene determinado amor o pareja, si no tiene determinada carrera, etc. Con ello no quiero decir que es bueno y bonito tener lo anterior, todo lo contrario estaría muy bien, sino que el fin, el objetivo no debe ser poseer estas cualidades, no, todas estas cualidades han de partir de la configuración de la persona y del ser persona.
Ser persona implica un desarrollo personal, afectivo, sexual, psicológico, físico, espiritual, etc. y de esto nos hemos olvidado. Sin duda, estas cualidades no lo podemos adquirir solos, necesitamos de los demás, es con los demás como más y mejor podemos adquirir muchos de los aprendizajes.
En definitivo, sólo si conseguimos ser ricos como personas podemos obtener por añadidura nuestra felicidad, eso es fundamental, o por lo menos es un primer paso que hay que dar.

Quiero concluir diciendo que el libro esta siendo un verdadero descubrimiento, me esta encantando. Es uno de los grandes momentos de mi vida como humilde lector.

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¡PALABRAS!

“Palabras para cantar. Palabras para reír. Palabras para llorar. Palabras para vivir. Palabras para gritar. Palabras para morir”
J.A. Labordeta.