sábado, 8 de mayo de 2010

Reflexión en torno a la palabra: ¡Sí! (1)



El sí es unitivo, vinculante con tareas, cosas, personas. Es reconocer, responsablemente, nuestra conformidad, nuestra aceptación.
El sí, fruto de la libertad, afirma, identifica, se abre a lo que consideremos la verdad, concede, es decir, da permiso para que algo sea.

El sí de mala calidad:

Por debilidad: acarrea poca persona.
Por miedo: no nace de mi libertad.
Por dependencia: es un prestado, de otra persona que yo introyecto, no interiorizo, no hago mío de verdad.
Por acomodación: acomodarme a gustos o al poder de los otros (su cultura, su voluntad)
Por pertenecia: no me pertenezco, pertenezco al grupo.
Por disfraz: un no disfrazado de sí. Esto es engaño, falsedad, debilidad.
Por falta de amor: no transmite amor ni a mí, ni al otro. Es un sí banal, acomodaticio.
Por falta de justicia: es un sí injusto.
Por voluntarismo: el sí como estado psicológico, una dictadura de la voluntad que no tiene en cuenta otras dimensiones de la persona, no las respeta y considera.
Por estabilidad: un sí que no crea nada. Un sí que no cree nadie.
Por halago: no digo nada de mí, al afirmar este sí solamente expreso lo que tú esperas oír.

El sí puede tener mayor o menor densidad y consistencia dependiendo de la realidad a la cual se la decimos.
La capacidad de pronunciar responsablemente sí, solo se adquiere con un proceso de maduración progresiva en el que me doy cuenta de la verdad de que quiero y de que es lo que me propone ante mi libertad.
El sí dicho con todo el ser abre al otro nuestra verdad y nuestro amor a la realidad afirmada.
A veces hay una división intrapersonal: “Una parte de mi dice sí y otra parte de mi dice no: “mi razón dice no, mi sentimientos dice sí, etc.”
El sí definitivo, en el fluir de la vida y de la historia, necesita ser regado, alimentarlo y cuidado.
El sí auténtico necesita ser amado.

No hay comentarios:

¡PALABRAS!

“Palabras para cantar. Palabras para reír. Palabras para llorar. Palabras para vivir. Palabras para gritar. Palabras para morir”
J.A. Labordeta.